Espiritualidad

El «magis».

La preocupación constante de Ignacio de Loyola fue el mayor servicio de Dios. En educación, significa excelencia en la formación; excelencia que busca educar líderes en el servicio; excelencia académica a condición de excelencia humana y cristiana; y excelencia personal, según las posibilidades y cualidades de cada alumno.

Cristo modelo de persona.

La visión de Ignacio se centra en la persona histórica de Jesucristo. La educación propone a Cristo como modelo y proporciona una atención pastoral que promueve en libertad el conocimiento de su mensaje y la relación personal con Él, llevando a realizar gradualmente el compromiso cristiano.

Compromiso para la vida.

Ignacio pide un compromiso total y activo de hombres y mujeres, para imitar a Cristo, poniendo en práctica sus ideales en el mundo real de la familia, la profesión y las estructuras sociales y políticas. La educación es una preparación para un compromiso en la vida activa.

Actores y comunidad.

La educación es una misión común basada en la comunicación entre profesores, directivos, asistentes de la enseñanza, jesuítas y laicos. Se comparten ideales, el proyecto educativo y las responsabilidades de gobierno. Se fomentan el diálogo familia-colegio, la participación de los alumnos y la relación con los antiguos estudiantes.

Discernimiento.

Los centros de la formación ignaciana deben promover la reflexión y la evaluación permanentes, para lograr sus finalidades con mayor eficacia, adaptándose a lugares y personas. Se requieren apertura al aprendizaje, ayuda en la preparación profesional y formación permanente; especialmente, de los profesores.