Valentina Ibañez Ampuero / Alumna.
Tengo 16 años. Estoy cursando 3° Medio y escogí Científico Humanista. Entré en Pre-Kinder al colegio así que llevo prácticamente toda mi vida aquí. Me acuerdo cuando el colegio era pequeño, todavía no se construía ninguno de los edificios que hoy están.
Cuando yo estaba en básica, pensaba que al pasar a media tendría que agachar la cabeza y seguir el Técnico en Telecomunicaciones (sin menospreciarlo) o cambiarme de colegio, cosa que no quería porque tenía amigos de toda la vida ahí, pero para mi suerte surgió un proyecto de Científico Humanista, con PSU o Especifico en Ingles. Yo opté por inglés porque quiero estudiar algo relacionado es ese idioma, ya sea profesora y traductora, para viajar, y también me gustaría estudiar otros como el Francés o Italiano. Me gusta este colegio porque es integral, se preocupa por sus alumnos, y cada año se esfuerza para que tengamos herramientas y profesores de calidad para nuestros estudios. A pesar de que con el paso del tiempo su identidad ha cambiado, nos cuesta cuidar nuestro colegio, valorarlo, se que de aquí saldré como una persona con valores, con convicción de poder ser alguien en la vida, que marque la diferencia, con mi esfuerzo y el que puso este colegio en mi.
David Antonio Leyton Muñoz / Ex-Alumno.
Mi nombre es David Antonio Leyton Muñoz, tengo 22 años y soy ex alumno de la comunidad San Luis Beltrán donde egresé de Cuarto medio el año 2006.
Mi ingreso al Colegio fue en el año 1994 donde entre a Kínder de educación pre-escolar, en este año se dio inicio al funcionamiento del colegio en la capilla ubicada en San Francisco esquina Serrano, donde la cantidad de niños que formábamos parte del colegio no era mayor a 60 alumnos divididos entre pre-Kínder a segundo año básico.
Para mí este colegio fue muy especial ya que desde el comienzo siempre se sintió el cariño de las tías, quienes nos trataban con mucho amor y dedicación. Esta condición se mantuvo durante muchos años lo que hacía que el colegio fuera nuestra segunda casa y se tornaba un lugar grato donde aprender junto a nuestros compañeros.
El colegio ha crecido bastante en estos 17 años que tiene funcionando llegando a tener más de 1000 alumnos e instalaciones de primera calidad, lo que me pone muy contento por las generaciones futuras que aprovecharán todas estas condiciones.
Aprovecho la oportunidad para brindar mis mayores agradecimientos ya que fue este Colegio el que me entregó una formación completa conformada mayoritariamente por valores que nos enseñan el respeto hacia las personas y el compromiso con quienes más lo necesiten, de esta manera hoy en día puedo desenvolverme de buena forma con la sociedad al haberme formado como un hombre de bien.
Hoy en día me encuentro por graduarme de la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones, Conectividad y Redes en INACAP, donde gracias a la base que recibí en el colegio mi comienzo en los estudio superiores se torno más fácil ya que conocía de que trataba esta área, “gracias a esta formación hoy soy un profesional”. (29-08-2011).-
Jorge Iturra M. / Profesor de Biología y Química.
Mientras me forjaba a fuego lento como profesor de ciencias en la UMCE, no pude aguantar más y me metí de cabeza a conocer el mundo de enseñar. Mis primeros años estuvieron ligados a programas de gobierno como el PRODEMU y el Chile Califica, trabajé arduamente con dueñas de casa de campamentos y tomas de Cerro Navia, Pudahuel y Renca, sentía que la sangre de ser tercera generación de docentes en mi familia corría briosa por mis venas. Pero llegó el día que me enfrente a la cruda realidad de la educación chilena, verdaderas factorías de niños en donde lo importante no era educar, si no mas bien mantener a los 45 niños dentro de la sala sin importar si estabas enseñando o destruyendo, formando o deformando.
Trabajé en varios colegios lo que me sirvió para darme cuenta de que la realidad era aplastante y mas común de lo que nunca hubiese imaginado, mis pensamientos empezaban a ser invadidos por la desazón y la tristeza de enfrentar esta realidad, hasta que un día por azares del destino llegue como un humilde profesor a la jornada vespertina del Colegio San Luis Beltrán. Ahí por convicción propia, renové mis energías y mi entrega a los adultos de este colegio, quienes llenos de ilusiones, desafíos y de metas incumplidas necesitaban una palabra, una enseñanza certera pero al mismo tiempo acogedora para probarse a sí mismos que pueden logar terminar su educación media.
Por primera vez tuve un laboratorio para enseñar, también aprovechaba de usar un data show al que jamás había tenido acceso, realmente sentía en lo profundo de mi corazón que este era un lugar diferente.
Una noche el director conversó seriamente conmigo para ofrecerme tomar unas poquitas horas en la jornada diurna, ya que el colegio iba creciendo y necesitaba profesores para esta magna tarea.
Al llegar a la jornada diurna fue un verdadero despertar, pude ver que las cosas eran diferentes, mi corazón se hinchaba día a día de alegrías y nuevos desafíos, un sistema educativo basado en la resiliencia, una profunda espiritualidad ignaciana, la solidaridad, el compañerismo y la excelencia se transformaron en mis ejes de vida docente, aquí tengo la oportunidad de no solo enseñar ciencias si no que también de formar a mis alumnos para que ellos den sus propios frutos, pero que esos frutos sean los mejores que ellos puedan producir.
Cada uno de mis niños y niñas me presentan un reto diario de entrega y excelencia, con ellos no puedes tener días malos, no puedes estar cansado, ¡ni menos no tener tiempo para ellos!, ya que se encargan de exigirte día a día que seas tan bueno como has sido siempre.
En lo formativo soy el profesor encargado del grupo SUBE (excursiones a cerros), también he tenido la oportunidad de acompañar al centro de alumnos, de ir a la caminata de los Andes, de construir media aguas para un techo para Chile e incluso de ir a trabajos de verano con los niños, estas instancias me han engrandecido, he llorado y he reído con los niños, me han contado problemas que harían llorar hasta al más duro, siempre con franqueza hemos conversado y aunque ustedes no lo crean, los niños no siempre me cuentan sus cosas para recibir un consejo, muy habitualmente lo hacen solo para que los escuche, los acoja y les de un buen abrazo.
¿Cómo no dar lo mejor de mí?, ¿Cómo no jugármela día a día?, ¿Cómo no sentir a Cristo en cada niña o niño que me necesita?, ¿Cómo no ayudar a que cada uno forme su proyecto de vida?, ¿Cómo no sentirme vivo y feliz de estar en el San Luis Beltrán?
Livia Valdovinos / Profesor de Ciencias Sociales.
estudié en la Universidad Católica y estudié pedagogía porque deseaba cambiar el mundo a través de la educación.
Me casé muy joven y nos fuimos con una beca a Boston, Massachussetts, donde mi marido hizo un doctorado en ingeniería en el MIT. Lo pasamos muy bien en Cambridge, que es una ciudad universitaria. A pasos del MIT está Harvard, donde pude seguir cursos sobre historia de New England y política latinoamericana. Llegué con una niñita que aumentó con un niño bostoniano. Conocimos gente de diferentes culturas de todo el mundo y aprendimos a vivir sobriamente con una beca de estudiante.
De vuelta a Chile nos tocó el gobierno de la Unidad Popular, el golpe militar y la dictadura y fuimos testigos de estas experiencias sociales y políticas que han marcado a nuestro país en los últimos años. Di mi examen de grado y recibí ofertas de trabajo: primero en el Liceo 10 de niñas de la Cisterna, luego en el Liceo 7 de niñas de Providencia. Me encantaba hacer clases. Luego me trasladé al Colegio Universitario Inglés de Providencia donde se educaron mis tres hijas. En este colegio conocí la Espiritualidad Ignaciana y participé en la Pastoral del Colegio. Tuve excelentes alumnas, hoy profesionales destacadas. Participé en movimientos sociales en pro de la democracia, entre otros, en la edición de un libro de la corporación Participa sobre democracia y de un programa de Teleduc llamado “De acuerdo, curso para vivir en democracia”, junto a destacados profesores. Entré a la Comunidad de Vida Cristiana, CVX, y cambié mi vida hacia el servicio a los más pobres. Mi sueño era trabajar en un colegio de extrema pobreza.
Vino la Gran Misión de Santiago y conocí a Ema Ruiz de Gamboa y al padre Juan Ochagavía en la CVX y me uní a ellos en el proyecto del colegio. Me tocó participar en la creación del Consultorio Médico para el colegio y la comunidad, en clases de religión, en la creación del grupo de abuelos Camino de La Esperanza, junto a la señora Mirella. Una vez que se creó la educación media hice clase en todos los cursos, tanto diurnos como vespertinos, creamos un preuniversitario gratuito para el colegio y la comunidad con voluntarios universitarios del CVX. Fui asesora del Centro de Alumnos. Actualmente trabajo en consejería de educación media, en el Departamento de Formación, hago clases a los papás de catequesis y confirmación para adultos, sigo a cargo del consultorio o enfermería y participo en las clases de ciencias sociales junto al Director, sigo a cargo del club Camino de la Esperanza, los contactos con los cursos de verano en la U de Chile y becas en preuniversitarios, institutos profesionales y universidades.
Me siento realizada en este colegio, que era mi sueño, viendo con orgullo la transformación de nuestros alumnos a través de la educación. Muchos de nuestros ex-alumnos son ya exitosos profesionales y forman hermosas familias.

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